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Recorrido museográfico

Secciones 1 y 2

Edme Alfred Alexis Dehodencq (Paris, 1822 - 1882), Patio de casa marroquí. Troya, museo de Bellas Artes. Foto Jean-Marie Protte
© Edme Alfred Alexis Dehodencq (Paris, 1822 - 1882), Patio de casa marroquí. Troya, museo de Bellas Artes. Foto Jean-Marie Protte

Atrios y patios - El claustro

I - Atrios y patios, del péplum al orientalismo

La pintura de historia académica de los pintores neogriegos de mediados del siglo XIX privilegió representaciones de escenas de historia o las evocaciones de costumbres antiguas, en el marco intimista del atrio. Con ayuda de la conciencia patrimonial, pintores como Bouchor reaccionaron a la poesía bruta de las ruinas de una villa pompeyana.
El heredero del atrio es el patio del mundo árabe andaluz o de Europa del Sur. Las visiones de este patio en la pintura orientalista del siglo XIX alternan entre una mirada ignota de un universo femenino, habitualmente escondido, y un esbozo arquitectónico revelado por el deslumbramiento de la luz. El gran artista catalán Rusiñol pintó, a veinte años de distancia, variaciones sobre dos patios azules cerca de Barcelona. Pequeño patio sencillo o jardín prolífico, estos lugares se convierten en un resumen del universo personal del pintor, de sus pequeñas historias y sus obsesiones.

 



II - El claustro entre pintoresco y misticismo

El Museo de los monumentos franceses, creado por Alexandre Lenoir en 1795 en el convento medieval de los Pequeños Agustinos en París, ha fascinado a toda una generación de artistas. Los pintores franceses de la primera mitad del siglo XIX, como Renoux, mantuvieron la fascinación de los fragmentos medievales vislumbrados en la penumbra de un claustro. Interpretaron, en una visión cercana de la literatura gótica, los vestigios descubiertos a lo largo de sus viajes a Francia.
En la misma época, dos pintores del Norte evocan los claustros romanos de Santa María de Aracoeli como un homenaje a las tomas de iglesias del Siglo de Oro holandés.


© Henri Rachou, Meditación, 1893. Toulouse, museo de los Agustinos.Foto Daniel Martin.

Tras 1848, la generación de los pintores realistas se focaliza en las existencias silenciosas de las religiosas y el carácter inquietante de los muros del convento. La mayor importancia de la noción de patrimonio explica la popularidad de sitios como el Monte Saint-Michel y su claustro.
El tema desaparece en el siglo XX, exceptuando algunos enfoques aislados, por ejemplo la visión sensible y desfasada de un pintor cristiano preocupado por volver a las fuentes, como Usellini.

 


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