Veinticuatro años después del incendio, en 1487, InocenteVIII otorgó indulgencias a los fieles que ayudarán en la reconstrucción del convento. Los ermitaños habrían sacado provecho del incendio para justificar ciertas construcciones inacabadas y de este modo poderlas terminar.
El incendio de 1463 supuso, en efecto, una horrible catástrofe para la ciudad de Toulouse. Provocado por la imprudencia de un panadero, se extendió desde el convento de las Carmelitas hasta el barrio del ayuntamiento generando unos daños considerables, sobretodo en las construcciones civiles realizadas a base de materiales ligeros y de madera. Según el cronista, Simplicien Saint-Martin, las bóvedas de todas las iglesias afectadas se desmoronaron tras el suceso. Si bien es cierto que las techumbres de ciertos edificios pertenecientes al convento sufrieran graves daños, los edificios de construcción maciza resultaron menos afectados que la mayor parte de las casas del barrio.
Escudándose en los destrozos acaecidos por el fuego, los ermitaños se empeñaron en recaudar la ayuda de sus fieles y el apoyo eclesiástico necesario con el objetivo, seguramente, de realizar una techumbre definitiva para la iglesia. En 1495, los albañiles Martin Pujol y Pierre d'Arroye se encargaron de la obra. Las obras se realizaron rápidamente y la consagración del edificio tuvo lugar el 30 de junio de 1504.
|