Finales de siglo  

Visiones modernas

A partir de mediados del siglo XIX, la práctica del monocromo tiende a desconectarse de su función. Solo las obras de Puvis de Chavannes y de Couture pueden ser consideradas como esbozos, aunque que la segunda citada sea más bien un estudio de taller.

 

Puvis se erige en heredero de los grandes decoradores europeos de la edad Media y del Renacimiento. El monocromo conviene bien a su pintura hecha de tintas planas con efectos esculturales. Tissot, Moreau y Ribot rtambién miran hacia el pasado, cada uno buscando elementos diferentes.
Tissot intenta interpretar en un solo tono uno de los retratos de Ingres más brillantes, Moreau imprime una marca visionaria a un tema de historia clásica, Ribot se inspira de los grandes pintores españoles del Siglo de Oro de los cuales solo se queda con el esbozo.

 

Carpeaux, más conocido como escultor, también fue un pintor inspirado y fogoso. Empleó a menudo la grisalla para retratos, interpretaciones de sus esculturas y de las escenas dramáticas como la Escena de parto. La pintura de Daumier, extremadamente personal, tiende con frecuencia a una cierta monocromía como en sus representaciones de episodios del Don Quijote. Toda la producción de Carrière (El musée des Augustins conserva entre otras cosas el Retrato de la Señora Auguste Bonheur) se declina en armonías pardas y grises con un efecto borroso muy característico. Degas decía a su respecto: « alguien ha fumado en la habitación de los niños ».



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