El Paragone o la competición entre las artes
En la teoría del arte desde el Renacimiento, es frecuente poner en oposición las artes. Esta oposición se construye a partir de una comparación (en italiano paragone) entre la pintura y la escultura.Cantidad de autores han intentado demostrar la superioridad de uno u otro.
El defecto más evidente de la pintura es su incapacidad a expresar la tercera dimensión cuando precisamente es la razón de ser de la escultura en alto-relieve. La imitación de la escultura o de la arquitectura con un pincel permite al pintor demostrar su virtuosidad dando la ilusión de la profundidad y del relieve.
Los pintores van sobretodo a intentar imitar los bajorrelieves y, a veces, gemas y camafeos antiguos. Demuestran así que la sana emulación de lo antiguo no es el hecho exclusivo de la pintura de historia.
Esta imitación desemboca a menudo en una voluntad de confundir los sentidos del observador y deja reinar una ambigüedad en cuanto a la técnica del objeto. Es lo que se llama el trampantojo.
La imitación del mármol, del bronce o de un camafeo se hace los más a menudo con un único color. La tercera dimensión se obtiene únicamente con las sombras y las luces.
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