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Durante la tercera parte del siglo XII, probablemente entre 1165 y 1175, un tercer taller realiza las esculturas del pórtico y de la sala capitular. Este conjunto, consta de seis columnas-estatuas, siete relieves coronados por sus frisos de capitel correspondientes. El estilo y la iconografía dejan entrever la influencia del arte de los primeros pórticos góticos de las afueras de París. Este tercer taller, ha sabido conciliar la apertura del primer arte gótico con el conservadurismo de las formas especificamente románicas, (ejemplo de ello, es el relieve bajo arcada del Rey David afinando su arpa), sin olvidar por ello, la tradición decorativa de Toulouse. Un cierto número de frisos de capitel representan monstruos, animales o seres humanos atrapados entre abundantes bejucos y follajes. Todo ello ilustra la tendencia hacia un refinamiento, un preciosismo y una ornamentación, (ya anunciada por los capiteles del segundo taller), que se confirma en Toulouse a mediados del siglo XII y en la que la decoración vegetal se enfrenta a la animal.
Durante el siglo XII esta tendencia alcanza su apogeo con los capiteles de la Historia de Job y la Caza del oso, que muestra una sirena peinándose. En estos ejemplos, se percibe con claridad el virtuosismo de los escultores románicos de Toulouse en el arte de la miniaturización. Ambos capiteles pertenecen al cuarto conjunto de esculturas iconográficas mal ubicadas en el seno del monasterio. A pesar de la diferencia de estilos y de iconografia, este gusto confirmado por lo decorativo, tan típico de Toulouse, las sitúa en la segunda mitad del siglo XII. Marcan realmente la fase barroca de un arte que, a lo largo de todo un siglo, conduce a la desaparición de la figura humana. |