El musée des Augustins expone 27 capiteles del claustro que se dividen en dos grupos, producto del trabajo de dos talleres y de dos campañas de construcción, separados por una generación. La abundancia de los capiteles historiados (21, todos expuestos), sitúa a este claustro perdido, entre los edificios más importantes del arte románico. En aquella época, es decir en los primeros años del siglo XII, los claustros historiados no abundaban pues la gente prefería expresar sus ideas acerca de la fe sobre los pórticos o los frescos murales. Así, sólo se puede comparar el claustro de la Daurade con el de su abadía antecesora Saint-Pierre de Moissac, prototipo de los claustros historiados y dotada de características estilistícas muy parecidas a las del primer taller del claustro de la Daurade.

A este taller se le atribuyen ocho capiteles historiados, cuya similitud de estilo y de iconografía con los realizados por el taller del claustro de Moissac, ha permitido atribuirles a un taller originario de esa región. En efecto, tras terminar el claustro de Moissac en 1100, algunos artistas provenientes de este taller habrían empezado la escultura de los capiteles del claustro de Toulouse; pero, si bien el primer taller de la Daurade reproduce esquemas de composición y tipos de figuras parecidos (o incluso la misma forma de la canasta, como lo demuestra el Festín de Herodes), se diferencia de su antecesor de Moissac, introduciendo la narración en el centro de sus creaciones. Este conjunto posee además la primera representación en la escultura monumental sobre el tema del Juico final que se extiende sobre dos capiteles.

Una generación más tarde y tras un periodo de interrupción, se desarrolla una nueva etapa de produccción, entre 1120 y 1130. Este segundo taller, realizó los otros diecinueve capiteles expuestos. Doce de entre ellos, forman un ciclo excepcional de la Pasión que reúne los episodios bíblicos del Lavatorio al Pentecostés. En este ciclo, figura la primera representación, dentro del género de la escultura monumental, de la Resurrección de Cristo, mostrando a Cristo emergiendo de la tumba de manera triunfal. Los artistas del segundo taller se alejaron del arte hierático, sometido a la forma general del marco, que caracterizaba las obras del primer taller. Ello queda patente en el Prendimiento de Cristo, ya que supieron crear, con un tratamiento muy preciso de los detalles, el dinamismo formal que produce una intensidad emocional y dramática, reflejo de un nuevo humanismo.