Las corrientes místicas del siglo XIV se alimentaron en gran medida de una meditación sobre los sufrimientos de Cristo. El arte de fin de siglo les debe ese gusto particularmente extendido por las escenas de la Pasión de Cristo. El teatro las representa. Están en todas partes: en las iglesias, en los cruces de caminos y hasta en las viviendas. La piadosa emotividad de la época exige, más que nunca, imágenes del drama de Cristo y de la Virgen (la Pietà de los Récollets, por ejemplo), así como una multiplicación de imágenes de las grandes figuras del cristianismo, tales como San Francisco.

La obra maestra en la escultura tolosana de finales de la Edad Media es una célebre Virgen con el niño, "Nuestra Señora de Grasse", designada así por una inscripción en caracteres góticos que se desprende, a sus pies, de un extremo al otro de un escudo ilegible.A este respecto, el contexto de la obra, la fecha de su creación, (segundo o tercer cuarto del siglo XV), y el nombre del escultor permanecen desconocidos.

¿Es la originalidad de la actitud y el drapeado de esta excepcional escultura, uno de los signos de los nuevos tiempos que corren tanto en Toulouse como en Europa? En efecto, la segunda mitad del siglo XV marca los comienzos de una nueva edad de oro para Toulouse, propiciada en parte, por el comercio floreciente del pastel. El arte gótico alcanza entonces una cúspide de expresividad, de la cual el San Miguel venciendo al demonio de la iglesia San Miguel de Toulouse constituye un hermoso ejemplo.