Hacia 1330 surgió en Toulouse un nuevo arte: aquel conocido como del maestro o del taller “de Rieux”. Habiendo trabajado igualmente en la catedral y en los Agustinos, como ha quedado demostrado por Maurice Prin, realizó la obra que le dió su nombre: las estatuas de la capilla de Rieux. Fundada al sur de Toulouse por Jean Tissandier, obispo de Rieux-Volvestre, entre 1324 y 1348, esta capilla fue construida al este de la gran iglesia del convento de los Franciscanos con la cual comunicaba. Centro espiritual de un proyecto de colegio que no llegó a fundarse y lugar privilegiado de la sepultura de Jean Tissandier y de las de sus hermanos franciscanos, la capilla fue destruída a comienzos del siglo XIX. El epitafio del obispo de Rieux consignaba que él sepultaba allí a sus hermanos con sus propias manos.

La maqueta exhibida por una de las estatuas, la del obispo Jean Tissandier, parece reflejar fielmente la arquitectura exterior de la capilla. Su decoración interior, sin embargo, permanece casi desconocida: “Dieciséis grandes figuras de piedra que se encontraban en torno a la iglesia y una, de mármol, la del fundador, al igual que varios otros objetos pequeños” que hubo que “arrancar de los muros”, ingresaron al museo en 1803. Muchas de estas estatuas sufrieron obscuras vicisitudes. En 1912, las dieciocho estatuas aquí expuestas estaban ya reunidas en una serie: Juan Bautista; los once apóstoles (de los cuales, sólo cuatro han sido identificados con certeza); tres santos franciscanos (San Antonio de Padua, San Francisco de Asís y San Luis de Toulouse); la parte inferior de la cabeza de una Virgen y las dos figuras, una yacente y la otra arrodillada, de Jean Tissandier. Otras dos estatuas de la serie, un Cristo y una Virgen, se conservan hoy en el museo Bonnat de Bayona. Este conjunto de esculturas da fe de la gran vitalidad de la creación artística de Toulouse: en efecto, ¿qué tienen en común la ternura y la serenidad de la Virgen de Rieux y la escultura atormentada del San Pablo?

Tras la peste negra de 1348, la segunda mitad del siglo XIV estuvo marcada por los efectos la Guerra de Cien Años y por los enfrentamientos ocurridos en Aquitania, que se vieron agravados episódicamente por la hambruna. A pesar de los disturbios de la época, el arte de la capilla de Rieux se prolongó hasta la segunda mitad del siglo XIV y comienzos del siglo XV a través de manifestaciones tardías, tales como las losas funerarias con bajorrelieves que representan, entre otros, al notario Pierre de Cuguron y al cambista Jean Molinier.