Las iglesias y conventos, especialmente aquellos ligados a las órdenes mendicantes, atrajeron una numerosa población de eclesiásticos, caballeros, juristas, mercaderes y artesanos que aspiraban a ser sepultados en aquellos nuevos conventos. Sus donaciones en beneficio de los establecimientos religiosos y destinadas a favorecer la salvación del alma (práctica de las Indulgencias), se expresaron a menudo en forma de obras de arte (pinturas murales, retablos, objetos de orfebrería), ofrecidas como testimonios piadosos; prueba de ello, los numerosos escudos de armas pertenecientes a los donadores. Tampoco escasean las sepulturas: sarcófagos, estatuas yacentes, sepulturas llanas, incluso simples epitafios, piden a los pasantes una oración propicia a la salvación y colman iglesias y claustros.

Entre estas obras, uno de los sarcófagos de la sacristía de fines del siglo XIII, es probablemente el de Hugues de Palais, cónsul de Toulouse en 1284, quien contribuyó financieramente a la construcción de la cabecera de la iglesia de los Jacobinos. Un medallón esculpido lo representa bajo el yelmo, espada en ristre y reconocible por la heráldica pintada sobre el escudo de armas. Junto a este tipo de sarcófagos se hallan numerosas sepulturas llanas, tales como la de la Marquesa de Linares, en la cual la difunta está representada, un tanto estereotipadamente, como una hermosa dama de la sociedad cortesana.

La estatua yacente polícroma en mármol de Guillermo Durant el joven, obispo de Mende, ornada antaño con elementos de orfebrería, hoy desaparecidos, es en cambio, un testimonio de la perfecta maestría de un gran escultor que trabajaba en el taller de la catedral de Narbona, en el segundo cuarto del siglo XIV.

El museo conserva asimismo, una importante colección de epigrafía medieval que abarca desde el siglo XII hasta fines del Renacimiento. Se trata, a menudo, de epitafios mortuorios completados por las losas funerarias, de inscripciones evocando las cimentaciones obituarias y de losas de cimentación de las capillas, provenientes de las regiones del Alto Garona y del Gers así como de algunos grandes conjuntos tolosanos (la basílica de Saint-Sernin, los conventos de los Jacobinos, de los Franciscanos, las iglesias de Saint-Michel, de la Daurade y el conjunto claustral de la catedral Saint-Étienne).