A partir de 1830, el siglo XIX, real, imperial o republicano, se convierte sobretodo en el siglo de la burguesía y en opinión general, las figuras de ministros y consejeros municipales, negociantes y artistas, sabios o exploradores, triunfan y sustituyen a veces, a los reyes y a los emperadores. Los cementerios, verdaderos museos en materia de escultura, (como el Père-La Chaise en París), se pueblan de figuras realistas e inconsolables, encarnando el dolor eterno al pie de las tumbas de las personas célebres.

Surgen entonces, algunos escultores excepcionales tales como: Auguste Préault (medallón representando a Vitellius), François Rude, quién marca el romanticismo con su obra maestra, La Marseillaise, David de Angers, (algunos de sus relieves se conservan en el museo), James Pradier (La Primavera), Francisque Duret…



Durante el Segundo Imperio y las primeras décadas de la República continúa desarrollándose una producción escultórica ecléctica y abundante. Las grandes obras urbanísticas proporcionan trabajo a numerosos artistas a veces relegados en el olvido. Entre los artistas más conocidos, se encuentran: Falguière, Frémiet y Bartholdi, así como, Eugène Guillaume, Aimé Millet, Jouffroy, Chapu, Marqueste e Injalbert, casi todos presentes en las colecciones del museo pero conservados en las reservas por falta de espacio.

Como otras muchas ciudades, durante el siglo XIX, Toulouse quedó profundamente marcada por el desarrollo de la escultura conmemorativa o funeraria, (cementerio de Terre-Cabade, plaza Wilson, jardin Royal y jardin des Plantes). Tras 1940, la decoración esculpida de los jardines ha desaparecido en parte, los bronces han sido fundidos y un gran número de esculturas han sido substituidas por moldes. Estas obras fueron realizadas por Mercié, artista que unido a Marqueste (Vélléda), Ségouffin, Mengue y Seysses constituye el famoso grupo de los “tolosanos”, formado en la escuela de Bellas Artes de París por Alexandre Falguière (Balzac sentado y Diana), jefe de fila del movimiento. En la escalinata monumental del ala Viollet-Le-Duc (1882), que da al gran claustro, el museo expone el yeso original de una de sus obras maestras, Tarcisius martir cristiano. A estas esculturas, hay que añadir varios bustos de Rodin y un bello busto de bronce de Camille Claudel, también presentes en el museo.