Toulouse fue un centro artístico muy activo. Comparada con otras ciudades francesas, adquirió una gran importancia, gracias a los numerosos pedidos realizados por las comunidades religiosas durante la Contrarreforma, en el siglo XVII, y a los encargos de los Capitouls, (magistrados municipales), para la decoración de los edificios civiles a finales del siglo XVII y a lo largo del XVIII. Los beneficiarios de estos encargos, artistas de fama nacional o europea, son un testimonio del gusto distinguido y del buen discernimiento de ciertos mecenas.