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Los primeros años del siglo XIX están representados por algunos cuadros extraordinarios de Hennequin (La Batalla de Quiberon, cuya restauración duró varios años y se ha acabado hace poco), Gros (Hércules y Diomedes), un bello retrato realizado por Gérard igualmente expuesto, e Ingres (Tu Marcellus Eris). En comparación con esas obras aún marcadas por la influencia de David, las marinas de Eugène Isabey, algunos cuadros de Victor Schnetz y el Moulay Abd Al- Rhaman, Sultán de Marruecos, saliendo de su palacio de Meknes, de Delacroix, depósito estatal de 1845, evocan la gran pintura romántica francesa.
Pertenecientes a la generación de los años 1848, el museo presenta particularmente La Sed del oro (1844), un cuadro realizado por Thomas Couture siendo joven, un hermoso paisaje de Gustave Courbet, Anacréonte, Baco y el Amor de Jean-Léon Gérôme (Salón de 1848) y Un alto en el camino de Alexandre Antigna. La obra de Gérôme es un buen ejemplo del estilo neogriego, desarrollado hacia 1850 por otros pintores de su época. En cambio Antigna, presenta un testimonio social recordándonos, sin sensiblería excesiva, como los artistas de los años 1848 supieron juzgar con lucidez la realidad social y política de su época. Entre las escasas adquisiciones importantes, hechas por la ciudad de Toulouse durante el siglo XIX, podemos mencionar La Estrella de la mañana de Corot, uno de los primeros cuadros de este maestro, introducido en una colección pública. |