Entre los artistas de la segunda mitad del siglo XIX, tres pintores originarios del sur de Francia que decoraron el Capitole de Toulouse, están particularmente bien representados: Jean-Paul Laurens (El agitador del Languedoc y San Juan Crisóstomo y la emperatriz Eudoxia), Henri Martin (Retrato de Madame Sans) y Benjamin-Constant. Ilustran diferentes aspectos del academismo de fin de siglo, también encarnado por Debat-Ponsan o Rixens (La Muerte de Cleopatra).


El arte moderno de fin de siglo, es evocado por medio de algunas obras maestras realizadas por Édouard Manet, Berthe Morisot, Blanche Hoschédé-Monet o Édouard Vuillard (Bajo los árboles del pabellón rojo). Las donaciones personales de la condesa de Toulouse-Lautrec y del pintor Gauzi han permitido que el museo se dote con una magnífica serie de obras de Henri de Toulouse-Lautrec (Mujer atándose el corsé), cuya fragilidad no permite una exposición permanente. Estos lienzos contrastan con las obras académicas del mismo periodo porque acentúan los antagonismos artísticos de finales del siglo XIX.