El arte del siglo XVIII, de finales del barroco al neoclasicismo, está principalmente representado en el musée des Augustins, por artistas franceses. El tema del retrato se halla presente gracias a algunas obras maestras de Nicolas Largilliere o de Élisabeth-Louise Vigée-Lebrun (Retrato de la baronesa de Crussol). Asimismo, la obra de Francesco de Solimena, Retrato de mujer, viene a marcar un oportuno contrapunto con respecto a las obras francesas exhibidas. Las diferentes tradiciones paisajísticas del siglo XVIII, se hallan igualmente bien representadas con las obras de Oudry o Valenciennes. Finalmente, el museo expone un bello conjunto de pinturas de historia de mediados del siglo XVIII, (de Jean-François de Troy a Pierre Peyron).

Paisajes

El museo expone asimismo varios paisajes de Pierre-Henri de Valenciennes, entre los cuales destaca La erupción del Vesubio, ejemplo ilustrativo de la formación del paisaje neoclásico. Valenciennes autor de un Traité du Paysage y maestro de Camille Corot, fue en efecto, uno de los grandes teóricos sobre el paisaje y tuvo una influencia considerable sobre el arte del siglo XIX. Frente a estas obras, Luis XV cazando ciervos en el bosque de Sant-Germain, realizado por Jean-Baptiste Oudry, pintor especializado en la caza real y director de la manufactura real de Beauvais, representa más bien la tradición del paisaje decorativo propio del siglo XVII. Dos bellas vedutes de Francesco Guardi completan este paseo por los diferentes tipos de pintura paisajística del siglo XVIII.

Pinturas de historia

El edificio Viollet-Le-Duc alberga en su primer piso algunas pinturas históricas de gran tamaño, entre las cuales se encuentran dos hermosos lienzos de Jean François de Troy, (Conquista del Vellocino de oro), que fueron encargados en 1742 por la manufactura real de los Gobelins, para servir de modelo a unos tapices.

En el segundo y último piso, excluyendo los conjuntos decorativos del Capitole de Toulouse o de los Penitentes Blancos, se hallan unos cuadros provenientes de la Academia Real de las Artes y las Ciencias de Toulouse. Particularmente notable es una serie execpcional de “piezas de recepción”, obras de Jean Charles Tardieu, Jean-François Pierre Peyron (Cornelia, madre de los Gracos) , Jean-Charles Nicaise Périn y Joseph Marie Vien (El amor huyendo de la esclavitud). Estas obras resultan ejemplares, en tanto en cuanto revelan la formación del gusto neoclásico de la segunda mitad del siglo XVIII. Se definen por el rigor de su disposición y la unidad de la composición.