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Pinturas

Siglo XIX - principios del siglo XX - Herencia neoclásica

Jérome-Martin LANGLOIS (Paris, 1779 - Paris, 1838), Générosité d'Alexandre, 1819 - Inv. 2004 1 80 - Photo Daniel Martin
© Jérome-Martin LANGLOIS (Paris, 1779 - Paris, 1838), Générosité d'Alexandre, 1819 - Inv. 2004 1 80 - Photo Daniel Martin

Hennequin, Ingres, Langlois o Gros, todos alumnos de David, ilustran bien la permanencia del estilo neoclásico en la pintura de principios del siglo XIX. Permanencia así como extraordinaria vitalidad, ya que la influencia de David perduró más fuerte que nunca después de 1815 y del exilio impuesto por Luis XVIII al líder de la escuela francesa, antiguo convencional inscrito en la lista negra de los regicidas.

Si desde el exilio y hasta su muerte en 1825 David sigue gobernando las artes, es en gran parte gracias a sus alumnos. No menos de doscientos artistas pasan, efectivamente, por su taller, cuya dirección se confía en 1815 a Gros, y extienden la influencia de su maestro a través de toda Europa.  
El Tu Marcellus Eris (1811-1820) de Ingres, así como la Generosidad de Alejandro (1819) de Langlois se inscriben en la más pura tradición davidiana. Ilustran temas literarios clásicos, verdaderos ejemplos de virtudes, mientras que su estilo está totalmente impregnado de esta «noble simplicidad y serena grandeza» de que habla Winckelmann.

Philippe-Auguste HENNEQUIN (Lyon, 1762 - Leuze près Tournai, 1833), Bataille de Quiberon, avant 1804 - Inv. 2004 1 62 - Photo : Daniel Martin

 

 

 

 



Philippe-Auguste HENNEQUIN (Lyon, 1762 - Leuze près Tournai, 1833),
Bataille de Quiberon,
avant 1804
Inv. 2004 1 62
Photo : Daniel Martin

La Batalla de Quiberon de Hennequin se dirige hacia la Ilíada revolucionaria y la Odisea imperial. Primer encargo de Napoleón al artista, deja ver una idea del afrontamiento que, en 1794, opuso a monárquicos y republicanos, en un estilo que se parece al de Gros.
Gros que, tan cercano sin embargo de un cierto romanticismo en sus batallas, intenta con su última obra (Hércules y Diomedes, 1835) volver a imponer con fuerza el estilo de David. La crítica ve aquí un fracaso y su autor, abandonado por sus alumnos y atormentado por dificultades personales, termina suicidándose.


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