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Secciones 5 - 7

Jean-Honoré Fragonard (Grasse 1732- Paris 1806), Cavalier assis près d'une fontaine, vers 1769. Barcelone, MNAC, Museu Nacional d'Art de Catalunya de Bellas Artes
© Jean-Honoré Fragonard (Grasse 1732- Paris 1806), Cavalier assis près d'une fontaine, vers 1769. Barcelone, MNAC, Museu Nacional d'Art de Catalunya de Bellas Artes

Risas y sarcasmos. Laboratorio de la cara. El taller del traje.

Sección 5 - Risas y sarcasmos

Los retratistas tendían a representar su modelo de forma educada y neutra. Los pintores de historia, sin embargo aplicados en representar las pasiones humanas, permanecían también en los límites de la decencia. Las figuras de fantasía eran experiencias de taller o respondían al gusto de un comanditario cómplice. Permitían a los artistas experimentar una amplia gama de emociones lejos de las convenciones, incluyendo la fealdad y las deformaciones de la cara.
Las obras de esta sección van más allá de los límites de la expresión. La risa y la sonrisa siempre han planteado problemas a los pintores. Deforman las demás partes de la cara, encogen los ojos y se transforman fácilmente en mueca. Pero aquí vemos a artistas que disfrutan con risas y muecas que a veces rozan la locura… y ello sin arriesgarse a herir a un modelo.
Más allá de la proeza técnica, estas pinturas pueden adoptar la forma de una reflexión irónica sobre la absurdidad del mundo como Demócrito, o constituir obras de autoburla como los autorretratos. La representación de animales sirve también, a menudo, para llamar la atención del espectador sobre otro tema de reflexión de la condición humana. Pone énfasis en la animalidad de los individuos. Otro tema de esta sección trata las expresiones muy libres de los jóvenes y de aquellos que están al margen de la sociedad civilizada. ¿Si tal vez los aficionados envidiaran su ausencia de inhibición, probablemente desearían también protegerse de ella en la verdadera vida?…

Sección 6 - Laboratorio de la cara

Balthasar Denner (Altona, 1685 – Rostock, 1749), Vieille femmeLa cara lleva las marcas del paso del tiempo. Es pues un desafío y una fuente de placer para los pintores de fantasía, que se divierten trabajando la materia pictórica como el tiempo ha trabajado la carne de esos seres. Así, las arrugas profundas de una cara con la piel apergaminada ofrecen un impactante contrapunto a la piel lisa y casi translúcida de una jovencita. Las pinceladas más o menos insistentes sirven para expresar las variaciones de una cabellera rala.

Pero los pintores no sólo buscan el realismo y la precisión anatómica. No estamos aquí ante máscaras de cera, sacadas directamente del modelo. Para los artistas, representar una cara es una ocasión para mostrar su talento, un ejercicio de estilo particularmente formador, que se traduce por un cierto número de posibilidades. La originalidad del marco, a menudo estrecho, pone de relieve la mirada o una barba entrecana.

Los juegos de luz son variados y permiten ahondar las arrugas o, por el contrario, atenuar su relieve. Esos efectos dan a los individuos una presencia física de una gran intensidad. Le dejamos ir a su encuentro, en un cara a cara a veces desconcertante de verdad.

Ilustración: Balthasar Denner (Altona, 1685 – Rostock, 1749), Mujer mayor, Viena, Gemäldegalerie, Kunsthistorisches Musuem © KHM-Museumsverband.

 

Sección 7 - El taller del traje

De Don Quijote a las Bodas de Fígaro, la literatura y la ópera europeas rebosan de juegos de rol, disfraces exóticos y artificios. A los pintores también les gusta aislar figuras hermosas, conmovedoras o patéticas y ponerles atavíos suntuosos que a menudo estaban desfasados con su naturaleza profunda. Los personajes agrupados en esta sección se caracterizan por identidades difíciles de definir, ya que el hábito no siempre hace al monje. La sublime mujer con sombrero de de Bray se parece a Semíramis y la bella napolitana de Solimena evoca a Cleopatra, pero ello no basta para asignarlas con certidumbre. La Sibila de Van den Hoecke es también un espléndido estudio de mujer negra. Los soldados no lo son porque tienen una espada pero también pueden ser el retrato de un actor disfrazado de soldado. Los ejemplos de «españoletas» muestran cómo un traje puede dar su nombre a un género. Las cabezas de viejos de Tiepolo y Fragonard resumen perfectamente el tema de la exposición, ya que son a la vez fantasías exóticas, estudios sobre la materia y la encarnación, así como variaciones sobre la mirada. El suntuoso Caballero sentado cerca de una fuente cierra el recorrido, asociando la fantasía más desenfrenada a los códigos del retrato de aparato.


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