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Esculturas góticas

Arte funerario

Sarcophage dit d'un grand prieur, Premier quart du XIVe s. Calcaire, Inv. Ra 537
© Sarcophage dit d'un grand prieur, Premier quart du XIVe s. Calcaire, Inv. Ra 537

Las iglesias y los conventos atrajeron a una importante población de eclesiásticos, nobles, juristas, mercantes o incluso artesanos que querían instalar sus sepulturas lo más cerca posible de las santas reliquias.

Muy a menudo, las donaciones a estos establecimientos, apropiadas para favorecer la salvación de las almas, adoptaron la forma de obras de arte (pinturas murales, retablos, objetos de orfebrería…), regaladas como muestra de piedad. El objetivo era garantizar su recuerdo entre los vivos, así como, sobre todo, asegurar su supervivencia eterna en el más allá (el Paraíso). En el momento del Último Juicio, las almas y los cuerpos resucitarán y los condenados deberán sufrir eternamente en su cuerpo de pecadores.
Sarcófagos, efigies, losas funerarias (lápida de la noble Marquesia de Linars), cruces (cruces con armas parlantes de Guillemette Azémar) o simples epitafios, todas estas obras son testigos de la sociedad y las creencias de esta época. El aspecto propiamente «macabro» de la muerte finalmente sólo aparece bastante tarde, a finales de la Edad Media.

Un sarcófago proveniente de la iglesia del priorato de San Juan de Jerusalén, sarcófago al parecer de un gran prior de la orden, presenta una decoración muy frecuente en el siglo XIV, mostrando el alma del difunto en forma de niño desnudo llevado al cielo por ángeles. Varias obras presentes en la sacristía retoman este tema.

Bas-relief funéraire et épitaphe de Maître Aymeric, Fragment de dalle de chancel, marbre, Inv. Ra 435

Bas-relief funéraire et épitaphe de Maître Aymeric,
Fragment de dalle de chancel,
marbre,
Inv. Ra 435

En una sala que se le reserva, el museo expone una muy importante colección de epigrafía, cuyas obras se disponen de la época carolingia a finales del Renacimiento. Estos epitafios recuerdan la identidad del difunto, la fecha de su muerte y, a menudo, su estatus social. Estas obras nos hacen descubrir así a sus comanditarios: eclesiásticos, juristas, mercantes, artesanos, hombres o mujeres, sus profesiones, así como sus esperanzas y sus creencias… Los textos están redactados, en general, en latín, la lengua de la Iglesia y de los letrados, pero también se utiliza el occitano, en competencia con el francés a finales de ese periodo.
Las actitudes de los hombres ante la muerte, la concepción del tiempo en la Edad Media o incluso las diferentes maneras de dar una fecha en esta época, son algunos de los temas tratados en esta sala.
 


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